A pesar de la alegría inicial, el servicio del tranvía resultó ser muy deficiente. Era lento, viajando a una velocidad de entre 16 y 18 km/hora, tardando casi tres horas entre Medellín y Rionegro. Era incómodo y la puntualidad mínima, y en invierno eran frecuentes los atascos y varadas de los carros, requiriendo que los pasajeros se bajaran a empujar para desatrancar los vehículos. Además, se realizaba poco mantenimiento a los carros y al enrielado, lo que, sumado a unos frenos inadecuados, llevó a que se produjeran numerosos descarrilamientos con algunos heridos y cuatro muertos en sus años de funcionamiento. Aparte, la Estación Manrique se incendió en 1929, dejando cuantiosas pérdidas económicas a la empresa. Por tal motivo, las quejas por mal servicio no se hicieron esperar y la población prefirió tomar las chivas y carros escalera que empezaron a circular por las carreteras del Oriente: por Guarne (inaugurada en 1925) y por Santa Elena (inaugurada en 1928).
No obstante, sería la politización de la empresa y su uso como plataforma política y clientelista lo que daría la estocada final. Desde su propio surgimiento, el tranvía había estado anclado al proyecto político conservador de Román Gómez, que había tomado la empresa como estandarte de progreso y modernización, pero que tras bambalinas la utilizó para consolidar su influencia y poder político en el Oriente de Antioquia. Así, la Empresa Tranvía de Oriente (ETO) se convirtió en una ficha más dentro del andamiaje electoral de Gómez, que sirvió para colocar a sus agentes políticos, hasta el punto de que se decía que la empresa era “de familia”, dada la alta presencia de amigos, familiares y conocidos de este cacique político marinillo. Sobre esto, cabe anotar la oposición rionegrera al tranvía, pues se veía como un proyecto conservador opuesto al liberalismo de Rionegro, por lo que el municipio nunca se vinculó con la ETO. “Aparte de los reveses administrativos y económicos, estaba de fondo una actividad política que tuvo toda la fuerza necesaria para detener este importante proyecto […] es indudable que la participación de Román Gómez y su política, tuvo que ver tanto para que este tranvía se llevara a cabo, como también para su disolución”, agregó la historiadora Indira Sánchez en su investigación (p. 178).
A lo anterior, se debe añadir que los sobrecostos en los kilómetros construidos, la demora o incluso el no pago de los aportes de los municipios, sumado a los opacos manejos administrativos y financieros llevaron al descalabro económico de la empresa, a su endeudamiento con la banca extranjera y a su posterior insolvencia. “Hacia 1930, unos interventores nacionales detallaron la mala administración de la empresa, que era manejada por numerosos parientes de don Román Gómez y denunciaron la evasión del impuesto a los pasajes”, acota José Alvear Sanín, miembro de la Academia Antioqueña de Historia e investigador de la historia del transporte. Además, el Concejo de Medellín comenzó a hacer control a la ETO y decidió retirarse por considerar que afectaba los intereses de la ciudad y que la escritura de conformación incluía vacíos legales que comprometían gravemente a Medellín. Pero también la demandó, buscando indemnización.
Finalmente, se suspendió el tránsito del Tranvía en marzo de 1937 y la empresa entró en liquidación de activos con miras a pagar a los acreedores. Los rieles se levantaron y se remataron, al igual que los vagones y vehículos que alguna vez sirvieron para transporte de pasajeros o carga. Por citar un caso, en octubre de 1942 la Junta Directiva de la Empresa Siderúrgica de Antioquia autorizaba la compra de 500 metros de rieles de 45 libras a la ETO, mientras que en marzo de 1944 dicha siderúrgica autorizaba la compra a la ETO de un carro suizo a gasolina para usar en el transporte interno de la fábrica.
Hoy por hoy, lo único que queda del Tranvía de Oriente es su recuerdo en la memoria local de los municipios por los que una vez circuló, como narra Nury Gómez, coordinadora del grupo de Vigías del Patrimonio y miembro del Centro de Historia de Guarne: “Era común que los niños pusieran sus oídos en los rieles para jugar calculando la distancia a la que estaba el tranvía, o jugaban en los rieles con improvisados carritos de rodillos; mientras que los novios, tomados de la mano, acostumbraban dar paseos por la carrilera”. En Rionegro, por ejemplo, solo queda el nombre de la “Vía El Tranvía” como recuerdo del trazado que tuvo esta obra.
El Tranvía de Oriente nació con la promesa de modernizar la Subregión e impulsar la interconexión y la economía, y aunque efectivamente logró traspasar la montaña y unir los Valles de San Nicolás y Aburrá, terminó su corta historia sin llegar a las cálidas riberas del Magdalena, sin entrar a la mayoría de municipios que alguna vez prometió llegar y sin siquiera acercarse a los otros ferrocarriles departamentales. Así, este proyecto es un recordatorio de que la infraestructura no puede basarse solo en promesas políticas, sino que debe depender de una planificación rigurosa y estudios de viabilidad que aseguren la pertinencia de las obras.
Conoce en este video más detalles acerca del ocaso del Tranvía de Oriente.
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