Muerto el perro, acabada la chanda

Carlos Humberto Gómez
@chgomezc

“…Voy a decir una cosa muy grosera pero para que ustedes entiendan – muerto el perro acabada la chanda-, queda claro?…”, fueron las palabras del mandatario de los rionegreros en marzo de 2019 frente a transportadores del municipio.

La expresión se dio en lo que han osado llamar socialización del sistema integrado de transporte de Rionegro – Sonrío-. Reuniones donde además de hablarles de temas que ya están decididos, les notificaron fechas para la puesta en marcha de la «reorganización».

El proyecto convertido en una obsesión para el alcalde, sigue siendo una prioridad para la administración pese a la oposición de los llamados a apoyarlo. Representantes de los transportadores han dicho en todos los escenarios que la decisión afectaría no sólo al gremio sino que impactaría negativamente la calidad del servicio.

Sonrío «un solo pasaje» deja grandes dudas sobre la realidad del costo con el cual se ha socializado, valor no sustentado claramente sobre la base de la realidad de la canasta de transporte, la cual terminaría convirtiéndose en la quiebra de los propietarios de los vehículos y la pérdida de empleos de conductores.

Tanto Sonrío, como el llamado tren ligero son proyectos que dan cuenta de la improvisación y fallas en su estructuración. De un lado el alto costo para los rionegreros en diagnósticos y estudios de movilidad que hoy todavía están siendo cuestionados por la falta de socialización y acceso a la información que los soporta.

En ambos casos los ciudadanos han calificado reiteradamente como un proyecto que no consulta la realidad del usuario del servicio público en el primer caso, y en la viabilidad financiera del segundo, donde el costo fue estimado en el largo plazo en $5.06 billones.

Para este último, el proceso ha sido aún más que tortuoso. El alcalde debió acudir al Concejo Municipal para obtener autorización de uso de vigencias futuras para lograr el cierre financiero de la obra, pero el proyecto nació con evidentes vicios de forma.

Muy rápido fue radicada la demanda de nulidad del Acuerdo municipal 006 de abril de 2018, el cual le dio vida a la financiación, y pronto se decidió la primera instancia sobre medida cautelar de suspensión mientras se decidía de fondo. Aunque la segunda instancia permitió la continuidad del proyecto, dio la oportunidad de llevar el proceso hasta la presentación de la estructuración y publicación de prepliegos, esto dejaría expedita la posibilidad de abrir oficialmente la licitación.

Pero el revés del proceso se conoció en los primeros días de septiembre, mes en el que se había dicho precisamente  que salía la licitación oficialmente. La decisión de primera instancia del Juzgado Once Administrativo de Medellín dejó finalmente sin piso el Acuerdo 006 y cuestionó la forma en que se había logrado la aprobación por parte de 9 de los 17 Concejales de la localidad.

La respuesta a la demanda interpuesta por el abogado Gustavo Nieto, dejaría herida de muerte la financiación del tren. Según la jueza once, encontró «incoherencia en los valores descritos en el acuerdo que autorizó las vigencias futuras» .

Además, según reiteró el fallo no halló soporte en el Plan de Desarrollo Municipal con el proyecto, por lo que además se habría inducido al error al Concejo Municipal.

Amanecerá y veremos. Ahora está en manos de la Alcaldía tomar decisiones frente a lo que podría ser un fallo desfavorable en una muy segura segunda instancia, dado que en caso de insistir en la publicación definitiva de los pliegos y cumplir el cronograma anunciado en el proceso, se estaría firmando un contrato a mediados del mes de diciembre el cual podría resultar siniestrado dadas las observaciones del reciente fallo.

Y como dijo el mandatario, aplicar para sí mismo el dicho: «muerto el perro acabada la chanda».

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