Braulio Henao, cien años de batallas

Felipe Osorio Vergara *

Especial para La Prensa

 

Los vientos del sureste traían la densa niebla que se formaba en el páramo a la plaza Mayor de San José de Ezpeleta de Sonsón, en donde las casas en madera y tierra pisada eran los vestigios fidedignos de su reciente fundación. Aunque el frío arreciaba, esto no fue impedimento para que un joven de 17 años, futuro héroe de la República, se enrolara en las filas del Ejército Libertador en conjunto con otros 25 valientes sonsoneños. Los reclutas estaban listos, solo esperaban que el patriota José Januario Henao diera la orden de partir a Santiago de Arma de Rionegro, en donde los esperaba con ansias el teniente coronel José María Córdova. Era noviembre de 1819.

El joven era hijo legítimo de Nicolás Henao y Javiera Duque, una pareja de campesinos honrados y virtuosos, quienes bautizaron a su hijo como Antonio Braulio dos días después de su alumbramiento, acaecido un viernes 26 de marzo de 1802, en el paraje La Leona, actual municipio de El Retiro. Para 1812, cuando Braulio ajustaba su primera década, debió trasladarse con su familia a Sonsón, pues su padre había muerto y su hermano mayor, José Tomás Henao, se haría cargo de la familia en ese poblado, pues allí ejercía ministerio eclesiástico.

Al llegar a Rionegro, el joven Braulio Henao engrosaría las huestes libertadoras, encabezadas por Córdova, que triunfarían el 12 de febrero de 1820 en el combate de Chorros Blancos (Yarumal), librado contra los realistas del coronel Francisco Warleta. Este enfrentamiento libertó a Antioquia del poder español, y fue la primera acción de armas en la que estuvo inmerso Braulio.

Meses después de Chorros Blancos, el joven Henao fue enviado a la Costa para apoyar las operaciones militares contra los españoles. Allí se unió a las fuerzas del general patriota José Padilla, y el 10 de octubre de 1821 ondearon el pabellón nacional en las murallas de Cartagena, indicando la liberación total y definitiva de la ciudad del poderío español. Luego de esto, Braulio, quien había ascendido por su gallardía al grado de teniente, fue enviado a proteger Panamá en conjunto con el batallón Girardot (compuesto en su mayoría por antioqueños del Oriente y del valle de Aburrá) hasta 1828, fecha en que fue licenciado para regresar a Sonsón. De este modo, Braulio Henao sirvió a la causa independentista en la Nueva Granada.

Al llegar a Sonsón, Henao se alejó de la vida militar y se dedicó a trabajar en el campo y en minas de oro, aunque ocasionalmente se ocupaba de la albañilería y carpintería, oficios en los que tenía destreza. No obstante, en septiembre de 1829, Braulio es convocado por José María Córdova a Rionegro, con la orden de ponerse a su servicio. Grande fue el asombro del teniente Henao al ver que se trataba de una sublevación del Héroe de Ayacucho en contra de Simón Bolívar, y aunque trató de disuadir a Córdova de luchar contra el Libertador, no pudo hacerlo, por lo que acompañó al concepcionino en la batalla de El Santuario el 17 de octubre de 1829, en donde pereció Córdova. Henao fue de los pocos sobrevivientes, y tuvo que esconderse de las tropas de Bolívar para evitar el fusilamiento.

Cuando Braulio ya tenía la seguridad de no ser buscado por las tropas de Bolívar, regresó a su patria adoptiva, y allí se casó el 20 de septiembre de 1830 con la insigne dama Rita Jaramillo Gutiérrez, con quien tuvo dos hijos y dos hijas. El rito matrimonial fue celebrado por su hermano José Tomás Henao, quien sería recordado por ser el primer cura de Sonsón.

Entre 1840 y 1876, Braulio Henao participó activamente en las numerosas guerras civiles que afrontó la naciente república, él era un abanderado del conservatismo y el caudillo conservador más importante del Oriente antioqueño. Primero defendió la legitimidad del Gobierno durante la Guerra de los Supremos, siendo recordado, al igual que María Martínez de Nisser, como vencedor en Salamina. En 1851, luchó en la batalla del Puente de Bosa, a las puertas de Santafé de Bogotá, contra los golpistas de José María Melo que habían derrocado al presidente José María Obando; en dicha batalla, Henao resistió con su batallón de reclutas del Oriente lejano y el norte de Caldas las cargas del enemigo, demostrando una valentía épica, que si bien le costó a Braulio dos heridas de consideración, le hizo merecedor también del honroso título del Héroe de Bosa. Durante la guerra civil de 1860-1862, Braulio defendió la legitimidad de la Confederación Granadina y se opuso a los liberales radicales liderados por Tomás Cipriano de Mosquera, triunfando en las batallas de Manizales (agosto de 1860) Carolina (junio de 1861) y Santo Domingo (enero de 1862). Finalmente, en la guerra civil de 1876, Braulio, aunque entrado en años, no dudo en ofrecer sus servicios a la causa conservadora, y marchó con 800 hombres a Manizales en donde ofreció una feroz resistencia a los liberales.

Cabe resaltar que tras perder en la guerra civil de 1860-1862, muchos conservadores antioqueños relegaron a Braulio, culpándolo de la derrota contra los liberales, sin embargo, su nombre volvió a ser recordado gracias a su actuación en la guerra civil de 1876 y a su excelente gestión como alcalde de Sonsón, y político por el Oriente lejano y norte de Caldas.

Curiosamente, Henao había sido elevado del rango de coronel a general desde 1860, pero hasta 1888 no fue reconocido dicho ascenso, además, él nunca reclamó esta equivocación. No obstante, sería el Decreto 106 del 28 de enero de 1888, el que enmendaría este error, devolviéndole a Henao su grado de general y la pensión correspondiente con los intereses retroactivos desde 1860.

Braulio cayó en el sueño eterno en Sonsón, un 14 de septiembre de 1902, alcanzando la edad de 100 años. Sus restos reposan en dicho municipio, tierra que amó y en la que vivió la mayor parte de su vida.

En definitiva, Braulio Henao Duque tuvo el privilegio de ver y actuar de primera mano en la construcción nacional de Colombia, desde la guerra de Independencia hasta las numerosas guerras civiles del siglo XIX; a lo largo de su existencia, este noble patriota solo profesó amor por su República y claras muestras de lealtad hacia la legitimidad; su vida engrandeció al Oriente, a Antioquia y a Colombia, y legó el modelo de vida de un auténtico servidor de la patria.

Un pueblo para ser libre no necesita más que no querer ser esclavo.

Proclama de Braulio Henao a los caucanos, 1861.

Medalla conferida por el Ejecutivo a los veteranos de la Independencia que aún vivían a 20 de julio de 1873. En Antioquia, las medallas fueron conferidas al general Braulio Henao Duque y a otros seis patriotas.
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